Es obvio que dentro de una historia se encuentran otras que la “condimenta” y muchas veces nos muestran como son las vueltas de la vida. Si bien el título induce a pensar que uno va a hablar de vaguadas y anticiclones, los relatos de tormentas y estados de mar no serán el motivo de esta entrada.
Creo que aún no lo manifesté, no me acuerdo, pero para los que no me conocen yo me gano la vida como médico, especialidad en cirugía, y por ahí va la historia.
En una época de mi vida yo operaba muchos pacientes a la semana, y en su mayoría relacionados a problemas del aparato digestivo.
Por otro lado, como ya comenté, con Juan hicimos el curso de Pilotos de la PNA. Una de las materias anuales es meteorología. El profesor de nuestra cursada (promoción 52) se llama Norberto Cattaneo. A mediados de la cursada, sin que yo lo esperar, me descoloca con un comentario que me hizo perder la noción de donde estaba. Me dice algo delante de mis compañeros: - “Doctor, seguro que Ud. no se acuerda, pero yo le estoy muy agradecido. Ud. operó a mi mejor amigo.” El relato continuo con los detalles de las angustias y ansiedades que sufren quienes están en la antesala de un quirófano, esperando noticias de un ser querido.
Ese ser, con quien termine comprometido emocionalmente, se llama Eduardo Teha. No recuerdo muy bien su primera consulta, pero él me cuenta, que cuando llegó hace como 15 años con esos diagnósticos que uno no quiere escuchar, yo fui bastante duro en cuanto a la información que le suministré y en todo aquello a lo que se enfrentaba. Siempre tuve la convicción que la buena información, permite tomar adecuadas decisiones. Eduardo no fue la excepción. También me dice, que después de esa primera charla, él se sintió siempre alentado y acompañado. Un médico pocas veces cura, algunas veces alivia, pero acompañar debe ser siempre. Dios quiso y Eduardo puso todo para que, en este caso, mi posición sea la primera de esa “máxima” que nos enseñan a los médicos.
Un día que tuve en la consulta a Eduardo, ya en los controles de su enfermedad, le cuento en esas charlas de consultorio, mi pasión por la náutica y mi deseo de ir algún día a la Antártida. Pues bien; resulta que “mi paciente” es meteorólogo, con especialidad en temas antárticos y su trabajo es darle luz verde a los “HERCULES C-130” para que crucen el pasaje de Drake. Automáticamente se ofreció ayudarme.
La historia de Eduardo es una de esa que le da sentido al quehacer de un cirujano. Representa eso que evidencia lo grato de nuestra actividad. Hasta la fecha todos los 3 de diciembre y las fiestas de fin de año, siempre recibí un mensaje de su parte. Yo por mi lado siempre le preguntaba si seguía viendo esa foto mental, en la cual desearía estar, y que yo les pido a todos mis pacientes que construyan para afrontar ese tipo de enfermedades…
Mi emoción se incrementó hace poco. En la búsqueda de contactos de WhatsApp, al lado de su nombre veo la foto de un niño precioso, que resultó ser su nieto. En la charla para anunciarle el inicio de esta aventura y la necesidad de contar con la ayuda de Norberto y de él, me cuenta su felicidad y como esto de ser “gran padre” le revolucionó la vida.
No encuentro mejor final que este para esta historia entrelazada. Desde ya que el velero Atlantis y su tripulación agradecen el invaluable aporte que hacen..... y como ahora ellos dos nos cuidan a nosotros!!!.