Antártida · Capítulo 05 de 5 · 3–7 de enero de 2022

Regreso por el Drake

La partida de la Antártida y el cruce de regreso.

Muy contentos nos fuimos a dormir con la noticia de que el día 3 de enero, quizás, tendríamos la ventana adecuada para cruzar el Drake y volver a Ushuaia.

Domingo 2 de enero de 2022

El oleaje producido por el desprendimiento de un bloque de hielo de la pared norte del Murature hizo que el Atlantis se tambaleara ostensiblemente. No obstante, nadie se asustó y todos seguimos durmiendo hasta altas horas, cerca del mediodía.

El día fue muy templado, lo que permitió que pudiéramos contemplar pequeños desprendimientos de hielo desde el cockpit del Atlantis. Como no era necesario mucho abrigo, empezamos con un tecito de desayuno y terminamos con una picada con cerveza para el almuerzo sin movernos de afuera. Ese día vinieron nuestros amigos rusos de la goleta "Amazone" a saludarnos. Nos contaron que festejaron el fin de año en la base chilena presidente González Videla. Según sus relatos había bastante alcohol por esos lugares. Ellos estaban en un canal muy próximo al nuestro junto a otro velero y se hablaban por VHF en ruso.

Los mensajes referentes a la meteorología confirman con mayor certeza, la ventana meteorológica para el cruce del Drake. Si Dios quiere mañana por la mañana, podremos zarpar. Mientras tanto el día sigue trascurriendo con lectura, música, películas, y en mi caso completando las líneas de este blog.

Lunes 3 de enero 2022

A las 00 hs del día nos levantamos y comenzamos a hacer todos los preparativos referentes a la zarpada. La luz del sol apenas se ponía por el horizonte, así que con ese atardecer de medianoche empezábamos a dejar la Antártida.

Lo primero que hicimos fue liberar los dos cabos de costa que nos sujetaban por popa. Luego de enrollarlos y dejar eso listo sacamos el motor del gomón, lo estibamos en su lugar, para luego llevar a bordo el propio gomón, desinflarlo, doblarlo y, por último, estibarlo dentro del Atlantis.

Como siempre mantuvimos los roles, Juan fue al ancla, maría Sara acomodaba la cadena en su caja, Torry en la caña del timón, María repitiendo los mensajes de uno y potro lado para que nos entendiéramos y yo manejando el telégrafo (maquinas) y el “Booth truster” (motor de proa que hace que esta se mueva a un lado u otro)

El ancla subió sin problemas, quedamos liberados y empezamos a navegar esos canales entre islas que tiene Melchior. Es muy bonito ver todas las laderas de esas pequeñas islas e islotes cubierto de hielo, mientras uno recorre esos canales estrechos.

En el interín y ya próximos a la salida, la maniobra que nos quedaba era la de bajar el quillote.

El Atlantis tiene un calado variable, pues cuenta con un quillote lastrado de 2,5 toneladas. Cuando esta izado completamente el calado es de un metro y en la última posición, la quinta. El calado es de 3,75. En cualquiera de esas posiciones se puede colocar un perno de generosas dimensiones, que traba cualquier movimiento ascendente o descendente. Esto ultimo es importante ante la eventualidad de una vuelta de campana (patas para arriba), ya que lo sostiene en alto y facilita que el velero vuelva a su posición original. El quillote bajo aleja en centro de gravedad, poniéndolo aún más por debajo del centro empuje. En resumen, más abajo es más estable.

Toda esta explicación previa, viene a cuento que la tranquilidad de esos canales de Melchior, se vio interrumpida por un percance en la maniobra de descenso del quillote y colocación del perno de seguridad.

Al intentar bajar el quillote se escucha un ruido parecido al que suena cuando este golpea contra algo. Juan dice: - “sonamos, se rompió el aparejo del quillote” una de las poleas del aparejo zafó de su motón, volando por los aires, para nunca más aparecer, dejando caer el quillote. Ese fue el ruido que se escuchó.

La posición en la que quedo era entre 2 y 3. Algo así como 2,20 metros de calado. El orificio del perno para la traba había quedado corrido. No se podía fijar. Después de algunas ideas e intentos fallidos que dañaron el cable, asumimos que esa iba a ser nuestra condición y seguimos con rumbo norte.

El día transcurrió con una navegación favorable vientos del SO de 25 nudos con ola baja. Ese día recorrimos 140 millas náuticas. Nada mal.

Martes 4 de enero del 2022

El pronóstico de nuestros asesores meteorológicos, nos decía que ese día tendríamos vientos fuertes a muy fuerte, con periodos de temporal del SO con ola de 3 a 4 metros.

Si bien la condición pintaba violenta, no era tan desfavorable pues el viento desde esa dirección era bien franco para el rumbo norte que llevábamos.

La condición de velas para ese día fue de mayor con 4 rizos y trinquetilla.

Los pronósticos no fallaron (¡como siempre se cumplieron!) y lo pronosticado se cumplió. La ola que venía por momentos un poco cruzada, empezó a generar rolido en el barco. Algún tripulante, como era de esperar, empezó a sentir los efectos del mal de mar.

El incremento de ola a 4 metros y viento superior a las 40 nudos, sostenido en 35 en forma constante, se empezó a sentir en la navegación obligándonos a derivar, para tomar las fuerzas que nos embestían más de la aleta de babor.

Estando yo en la conejera, descansando entre guardias, siento un fuerte estrépito que pega contra el casco. El Atlantis empieza a acostarse hacia la banda en una tumbada que parecía interminable e inevitable. Como en cámara lenta me doy cuenta que de estar apoyado sobre el colchón, mi cuerpo se encontraba contra la banda del casco. Un montón de ruidos de caídas de cosas retumbó por todos lados.

Gracias a Dios, el barco volvió a la verticalidad. María Sara después de juntar todos los trastos caídos de la cocina, va a proa y nos dice que las cosas del taller estaban desparramadas por todos lados y que se había “volado” todo. Juan me cuenta que eso había sido “la ola” y no la racha de viento para el Atlantis.

Ese día navegamos a velocidades de 9 nudos, llegando en las barrenadas a los 11,5 nudos.

Ese día también el Drake nos llevo uno de los salvavidas circulares de popa.

La singladura de ese día nos daba unas 165 millas recorridas. Todo un récord. Más de la mitad del Drake en dos días. El Atlantis seguía guapeándola como siempre.

Miércoles 5 de enero de 2022

La previsión meteorológica nos decía que íbamos a tener vientos del oeste, por momentos de 25 nudos para luego ir disminuyendo.

Obviamente se cumplió en intensidad y horario. Al llegar a menos de los 20 nudos del viento, guardamos la trinquetilla, y desplegamos el yanki en toda su extensión. Las velocidades alcanzadas por el Atlantis estaban bien. Rondaba los 6 nudos. La ola había bajado mucho y la navegación fue tranquila. Ese día salimos de las latitudes 60 (“Los Rugientes"), pero no así de los efectos de don Sir Francis.

Hicimos 120 millas y ya nos quedaban solo 100 millas para alcanzar el Cabo de Hornos. La distancia desde Melchior a ese lugar era de 518 MN.

Jueves 6 de enero de 2022

El pronóstico nos decía que íbamos a tener vientos moderados de NE y E durante la mañana y que después del mediodía iba rotar al O incrementándose a fuertes, muy fuertes y temporal.

Durante la mañana, el viento del este permitió poner el yanki durante un buen rato. Ya cerca del mediodía y con la rotación cambiamos a trinquetilla, dejando la mayor siempre con 4 rizos. El Drake enojado, no es un lugar para estar subiendo y bajando paño desde el palo mayor.

Con el transcurrir de la tarde el viento de 17 nudos creció a 25… luego a 35. Para las 18 hs le tomo la Guardia al Torry, que ya había derivado la proa hacia el Este, por el incremento de la altura de ola. Esa condición duró una hora más. Nos faltaban 20 millas para salir del Drake.

Sir Francis, al parecer, nos había tomado cariño. Temperamental como es él, decidió despedirse a todo trapo. Durante más de una hora nos entretuvo con olas de 4.5 metros y arriba de 40 nudos. Llegamos a tener 45 en forma sostenida. Toda esta muestra de cariño, nos obligo a correr el temporal, tan bien pronosticado por nuestros ángeles de la guarda.

Hacia el final, y a modo de palmadita de despedida, una ola cruzada, volvió a acostar el barco sobre estribor. El agua de la línea de flotación llegó hasta cubrir las ventanas de la carroza. Esta vez no se escuchó tanto cambalache, ya que en la cocina no había nada suelto y en la proa las herramientas caídas seguían aun sobre la banda escorada desde la vez pasada.

Esa palmada fue lo ultimo del Sir. Al ponernos al este de la Isla Decit, el socaire de ésta aplacó un poco la intensidad del viento y la altura de la ola.

Un rato antes, el control de tráfico chileno del Cabo de Hornos, nos pregunta las cosas de rigor. Origen, destino, ETA. En el medio de semejante cambalache, le dije que no podía precisarle, que mi intención era ponerme al socaire de Decit. Le pregunto sobre el parte meteorológico y me informa que la condición imperante en ese momento duraría hasta las tres de la mañana.

Con 30 nudos y ola de dos metros le dejo la guardia Juan a las 21 hs. Ya estaba todo tranquilo. Y pensar que en el Rio de la Plata con esa condición, uno se queda guardado. Lo que son las perspectivas.

Viernes 7 de enero de 2022.

Juan le entrega la guardia al Torry. Durante sus tres horas se mantuvo con rumbo 315 al socaire de las islas Wollastron a medida que fueron apareciendo. No queríamos encarar la bahía de Nassau, por ser abierta y los vientos se seguían sosteniendo (si, es igual a la de Bahamas en el Caribe, pero un poco mas fría. Cosa de Drake cuando estuvo por estas aguas).

Mientras Juan Th. y Torry reponían combustible en el tanque de servicio, el control chileno nos llama directamente, ya que nuestra emisión de señal de AIS nos hace visibles con todos nuestros datos para cualquiera.

Interrogados sobre nuestras intenciones de rumbo y explicándole la situación meteorológica que nos habían informado, el operador consulta a la capitanía de Williams**. Ésta nos da dos opciones, o que fondeemos en una caleta de las Wollastron próxima, pero al oeste con el viento de jeta, o que desviemos nuestro rumbo para navegar por aguas argentinas al este de la Isla Nueva. Nuevamente, chile ejerciendo su soberanía, nos negaba el “paso inocente” por el pasaje Gore y Picton. Con una sensación encontrada, Juan decide optar por la segunda de las opciones. Más tarde otro llamado desde la isla Lennox nos pide que informemos el QTH, ya que no recibían nuestro AIS y que por favor lo prendiéramos. Nunca lo apagamos, solo que la distancia a la cual nos encontrábamos, hacia que la señal de VHF por la que se trasmite, no fuera recibida por ellos. Ya en mi guardia y una hora más tarde, le pregunté al operador chileno si nos recibía la señal del AIS, que seguramente fue por distancia su no recepción, y que siempre estuvo prendido. Por algo contestamos a todos sus llamados.

Al momento de escribir esto son las 5 de la mañana, hace rato que salió el sol. Falta muy poco para entrar en el Beagle y lo único que quiero es pegarme una ducha.

Por si algún lector incauto no lo percibió, durante todos estos días de travesía, nadie se pudo duchar. Se preguntará por los olores: regularmente fueron lavado con toallitas húmedas. Cosas de la náutica, ¡¿vió?!

Nota: ** no confundirse con el capitán de los Williams: afamado club de rugby que nada tiene que ver con esto.