Capítulo 11 de 16 · 22 de noviembre de 2021

Golfo San Jorge.

Relato escrito durante la travesía y conservado en su redacción original.


        En la reunión previa con nuestros ángeles de la guarda meteorológicos, nos planteaban 4 tramos que había que prestar atención en nuestro recorrido. El primero era el de Mar del Plata al Golfo Nuevo. Básicamente por la distancia y porque en una navegación directa uno se abre de la costa. Y eso fue lo que hicimos. Un integrante de la tribu, que fue muchos años capitán en los pesqueros, nos hizo la misma observación, y se sorprendió de lo lejos que nos fuimos, sobre todo porque suele haber mucha correntada y olas cruzadas.

El segundo lugar que nos mencionaron era el Golfo San Jorge, equivalente a la Santa Catarina Brasilera, pero en nuestras costas patagónicas. Los otros dos que aun nos restan son el estrecho de Lemaire (entre islas de los Estados y Tierra de Fuego) que siempre hay que cruzarlo con la corriente de marea a favor y nunca con corriente y vientos encontrados, pues levanta muchos escarceos…. (estados de ola caótico, en donde parece que el mar está en ebullición). El cuarto y más importante es el Pasaje de Drake. Espacio de 500 millas náuticas que separan el cabo de Hornos con la primera tierra Antártica. La distancia es grande y el promedio indica que, para la época del año que vamos a cruzar, uno de cada tres día es malo. Por eso la importancia de una elección correcta de una ventana meteorológica adecuada para su cruce. Y ahí nuestros ángeles de la guarda serán más que fundamentales.

Volviendo a esa segunda dificultad ya superada, Eolo y Poseidón estuvieron benévolos con el Atlantis y su tripulación.

Nosotros nos habíamos “guardado” unos días en la paradisiaca Caleta Horno, dejando que pase un fuerte y frío vientos de dirección SO. Si nos hubiera agarrado cruzando el golfo, nos hubiera hecho sacudir un poco. Con la previsión meteorológica precisa levantamos fondeo y nos liberamos del “cabo de COOK” y de la nueva “Georgie´s Rock” justo a la media noche, con la marea en ascenso y con el viento rotando hacia al Este para luego bornear al Norte.

El Atlantis izó vela mayor con dos manos de rizos y puso la vela “yanki” en proa ya que la intensidad no superaba los 20 nudos al momento de la salida.

Esa primera noche había mar de fondo por los días ventosos previos, pero el Atlantis navegaba tranquilamente sin ser exigido.

A las 4 am la puesta de la luna por el oeste fue digna de ser admirada por los espíritus sensibles de abordo y una hora después tenemos un amanecer en el mar, que siempre son distintos y bonitos. El día estuvo soleado y despejado, las ballenas y algunas toninas nos vinieron a saludar, y por suerte pudimos registrar con las cámaras su paso… ¡estaban muy cerca!



La intensidad del viento fue aumentando y de F4 fue subiendo a F5, F6 y en algún momento navegábamos a 12 nudos con mayor con dos rizos y foque con el viento por la aleta de babor muy tranquilos, sin ni siquiera tener que usar los trajes de agua. En concreto esa segunda dificultad a cruzar se hizo en condiciones ideales

Para la madrugada de la segunda noche veníamos regulando el tiempo, pues nuestro ingreso a Puerto Deseado debía ser al mediodía para entrar en la estoa de la pleamar. A las 01:30 estábamos ya con poco viento (F2), navegando a menos de 2 nudos, y cuando tome la guardia decidí prender el motor para asegurar la llegada.

Lo primero que note es que el tacómetro no marcaba las revoluciones a las cuales giraba el motor. Al rato, Quico se da cuenta que aleatoriamente el tacómetro marcaba durante unos segundos, para luego caer la aguja a cero. Sin sospechar ninguno de los dos el porque de tan extraño comportamiento.

Unos minutos después se escucha el clásico rechinar de una correa que patinaba. Igual que como se escucha en los autos. Ante ese nuevo “síntoma”, decido ir a ver si por la banda salía agua junto con el escape, lo cual asegura una adecuada refrigeración del motor. Compruebo que esto es así.

No obstante, tomamos la decisión de sacar las tapas de mamparos, para observar el motor en directo. La sorpresa fue grande cuando vimos brotar abundante agua de mar por una de las tapas frontales del intercambiador de calor del “Vetus”. Automáticamente cortamos maquinas, dedujimos que la falla del tacómetro era por algún contacto mojado, y despertamos a Juan en su carácter de Armador y Capitán.

Para eso de las 5 de la mañana teníamos construido un nuevo oring, improvisado a partir de una cubierta de bicicleta; rectificada la tapa plástica con el mini torno Dremel, que se hallaba un poco revirada; y con un sellador para altas temperaturas, logramos reducir el caudal de agua perdida del circuito externo que toma agua de mar, a solo un mínimo hilito de agua.

Se tuvo que trabajar toda la noche. Por suerte el viento repunto y la dotación más “trimer” (Georgie y Quico) llevaron magistralmente el velero para estar en el punto previsto a las 11.30 hs. justo para encarar las enfilaciones necesarias para el ingreso a puerto.

El ingreso se hizo con la ayuda del motor. La coordinación de maniobras y pescado de la boya tuvo una precisión suiza, lo que habla del grado de entendimiento marinero que hemos desarrollado en todo este tiempo.

A nuestro ingreso nos estaba esperando Ariel Juanto. Nuestro nuevo amigo local, que, con una generosidad enorme, nos hizo el contacto con el club náutico, nos asistió en todo lo que necesitábamos y estuvo para nuestra asistencia para tramites en la PNA y traslados.

El ansiado almuerzo de llegada con la consiguiente ducha, lo gestiono Fernando del náutico, en el restaurante y Club de Paleta de Pto. Deseado.

En este punto de la travesía, Quico, el mejor chef de abordo hasta acá, nos deja para retomar sus actividades en Buenos Aires. La vara la dejó muy alta como marino y cocinero.

Para contar y seguir agradeciendo, Francisco “Pancho” Romero, guía de pesca local, nos regaló un balde lleno de pejerreyes, que sirvieron para que Quico se luciera una vez más.

En este puerto, se incorpora como nuevo integrante del Atlantis para la siguiente pierna, Matías Córdoba Andrada, otro experto velerista, que si bien no fue integrante de ese famoso J24 llamado “Fair Play” que comandaba por Pierre Nodoyuna (Juan Th.); es amigo de Juan de la Facultad.

También hay que agradecer a Eduardo Carnota, de la Fundación “Conociendo Nuestra Casa” que nos asistió con mucho de nuestra necesidad y nos ayudó en todo cuanto pudo.

La visita al Museo Brozosky, donde esta expuesto todo el material encontrado del naufragio de la Corbeta Inglesa “Swift” y lo referente a su hallazgo, fue una cita obligada y que nos habían recomendado muchos nautas amigos.

Pancho, el guía de pesca, hizo otra recomendación extraordinaria y el domingo 21de noviembre, la tripulación del Atlantis terminó degustando corderos patagónicos al asador, en un concurso para elegir al mejor asador de  Makamenke.

En esta y en el museo no estuve… pero esa es otra historia que quiero contar.

Hoy 22 de noviembre el Atlantis aguarda la pleamar para soltar amarras de Pto. Deseado rumbo a San Julian. Sopla cerca de 34 nudos, y esperamos que amaine para el mediodía y se preste un poco ya que esta desde SSO. (210º)