Para el lector de estas líneas que no pertenece al mundo de la náutica, les quiero advertir que, sacando los ciclones tropicales, conocidos como Tifones, Huracanes etc., en las regiones extra tropicales como las nuestras, el navegar hacia los polos, aumenta la latitud y por ende la intensidad de los vientos. Es así que a las latitudes donde se encuentra el Atlantis, soplan los vientos conocidos como "40 Bramadores". Mas adelante nos enfrentaremos en los 50 grados de latitud sur, con los "50 Rugientes", y diez grados más al sur, ya en nuestro objetivo, soplan los "60 Aulladores".
Han sido advertidos en la entrada anterior, que no estuve presente en parte de la estadía de Puerto Deseado, ni estoy ahora en la zarpada hacía San Julián. Dios quiso que mi deseo se pudiera cumplir.
Esta entrada quizás sea la más personal de todas la que escribiré, y no está dedicada a lo náutico del viaje.
Es cierto que toda aventura, travesía o como quieran llamar a esto que estamos haciendo, tiene diferentes dimensiones. Algunas veces ver nuevos lugares sirven para viajar al interior de uno mismo y reflexionar. Seneca tiene una frase que dice algo parecido a: “el océano es el lugar que todo lo cura”.
A mí me gusta, ese particular concepto de algunas historias griegas, en donde uno se da cuenta, después de recorrer el mundo y afrontar diferentes situaciones, que se enfrenta con la paradoja digitada por las deidades, en la que se le revela que el lugar de uno, es justo aquel del cual quiso zarpar. Pero también es categórico, en esos cuentos, que, si uno no conoce el mundo, no suele darse cuenta de eso… Los habitantes del Olimpo se divierten con nosotros.
Yo a un tercio del viaje no tenia ninguna duda que el 21 de noviembre de 2021 tenia que estar en los 80. Son aguas tranquilas, de felicidad y sabiduría. No me estoy refiriendo a las latitudes, sino a los 80 años de mi madre.
Juan Th. Suele decir que la formula de la felicidad es la percepción menos la expectativa (F=P-E). Sin expectativas uno suele ser feliz; y con expectativas muy altas la operación de resta con lo percibido suele dar una felicidad “negativa”. Son esas abstracciones que todo lo explican. Muy propio de los ingenieros.
Mi madre daba por asumido que yo no iba a estar presente, y la emoción de ella y la mía por verla a ella así, llevaron a que derramemos alguna lagrima.
La fiesta en “La Casita” del Centro Naval Olivos, estuvo planificada con mucho amor por toda la familia, reservándome un párrafo final para mi hija Florencia.
Los presentes reflejaban las ocho décadas de vida de mi madre, y los que estaban presentes desde el cielo, estoy seguro que compartieron nuestra alegría y festejo de la vida.
En lo personal fue muy revelador enterarme de aspecto desconocidos de mi madre. Desconocidos porque es ese momento de su vida yo no existía.
En la reunión estaban 8 de sus compañeros de colegio, el Normal Nº 1 de Avellaneda. Uno de ellos además es mi tía. Mi padre también era compañeros de ellos, pero en 3º año ingreso a la Escuela Naval y en el 2010 soltó amarras para navegar en otras aguas.
Para algún compañero de la tribu de Rio Santiago, que muchas veces me marcan mis contradicciones, les quiero contar que ya se de donde surgen. Resulta que mi madre era la secretaria del centro de estudiante y ocupando ese cargo, organizaron la toma del colegio. Si, así como lo escuchan, en aquella época mi madre era un rebelde. Cuando la cosa se puso pesada, las mujeres salieron y se quedaron los varones en ese lugar sitiado. Ellas, las compañeras, le llevaban por los techos de una estación de servicio los víveres para que resistieran. Mi Abuelo Luis, acompañaba a mi mama en su camino al colegio por miedo a cualquier represalia y mi tío abuelo “Manolo”, escribano y anarquista de fuste, les hacia las actas notariales a los revoltosos del “Normal”. GUAU!!!
En mi rol del más viejo de sus hijos, tuve que improvisar unas palabras, seguido a una alocución de uno de sus compañeros que hizo una revelación pública de esos metejones de adolescencia. Mi madre con mucha cintura agradeció y esquivo magistralmente, diciendo que ella no es la China Suarez. Una genia.
En esas palabras que improvisé con alguna emoción, les agradecí a los compañeros de mama el revelarnos esas facetas desconocidas, celebramos su vida y su felicidad de ese día, e hicimos el brindis de rigor.
Pero lo que tendría que haber hecho es revelarles a ellos esas facetas que como compañeros no conocían. Estas líneas me van a servir para agradecer con la misma moneda.
Mi madre fue maestra jardinera, y mis dos hermanos mas chicos tuvieron el privilegio de ser los hijos de la “Seño”.
En la sala Verde donde mamá estaba como maestra y mi hermano Martín era uno de sus alumnos, también cursaba un chico llamado Ulises. Era inmenso en comparación al resto de sus alumnos y tenia la particularidad de molestar a todos y abusar físicamente por su condición. Por supuesto que el “hijo de la seño” era una de sus victimas frecuentes. En esa posición ambigua de mamá y maestra, le dice a Martín que se defienda y que no deje que lo moleste. Esa “recomendación” hizo que mi hermano le aplicara un golpe directo a la nariz, que terminó con un profuso sangrado de esta, y que además provocó que nunca más lo molestara nadie. No sé qué explicación les dio mi madre a los padres de ese niño, pero siempre nos enseñó a defendernos.
Como no fue mi maestra de pre-escolar lo tengo algo confuso conmigo, pero si me es muy claro, que mis dos hermanos sabían leer antes de ingresar a la primaria. Esto en mi casa no era un detalle menor, pues a partir de ese momento se imponía una regla estricta de mi padre. Si querías ver una hora de dibujitos animados debías leer una hora y contarle lo que leías. Recuerdo que siempre tuvimos muchos buenos libros y yo me leí en una noche, a los 11 años, el Conde de Montecristo. Ella con una actitud más sutil y el ejemplo de su amor por la lectura, a su manera, nos hizo también lectores.
La tercera y última anécdota quizás revele su más valiosa virtud como madre y que además demuestra el amor que nos tiene. Ella siempre nos dejo hacer lo que queríamos y nos apoyaba en eso que encarábamos. Muchas veces poniéndose en un segundo plano. No me mal interpreten. En mi casa la disciplina se imponía similar a un barco. Sirva esta tercera anécdota, para dar sentido a lo que les quiero decir.
Yo aprendí a navegar a los 10 años en la Base Naval de Puerto Belgrano. Ahí me dejaban ir solo a pescar a la playa. Andaba a caballo, jugaba al rugby y hacia todo lo que me gustaba. Cuando en 7mo grado nos mudamos a Buenos Aires hago otro curso de “Tero y Optimis”, por lo que me otorgaron un carnet habilitante para usar estos barcos en el club donde se realizó el festejo de los 80.
En ese mismo lugar donde estuvimos, pero del año 1981, el domingo del día de la madre, yo me levanté muy temprano, me fui solo al Centro Naval de Olivos, agarré un “Tero” y salí a navegar afuera, en el rio. En ese momento, Eolo no me acompaño, y hasta las 14.30 yo no pude regresar. Por supuesto que a las 13.00 mi padre había organizado el almuerzo por su día, al cual yo no asistí y nadie sabía dónde estaba. Para evitarles el cuento de las vueltas a la manzana corriendo que di con mi padre atrás, quizás ahora entiendan el porque yo tenía que estar ahí, en sus 80, aunque Eolo me traicionara. Ella nunca se enojo por mi ausencia
Ella siempre apoyo todo lo que hice, aunque algunas veces el corazón se le estrujara. Me dejo seguir navegando a pesar de que a los 17 años, nadie sabía dónde estábamos durante tres días, por causa de una tormenta en el Rio de la Plata. Es justo aclarar, que mi padre sabía de mi situación desde el momento cero, y que solo se lo reveló cuando aparecí con el velero clase “Sonar” por la Barra de San Juan en Uruguay.
Estos ochenta la encuentran mucho mas sabia, y abocada a sus nietos para poner su granito en ellos, pero de una forma mucho más preciso y sutil.
Por último, quiero decir que me lleno de orgullo, ver como Florencia se hizo el tiempo entre su facultad y emprendimientos, para que la fiesta de su abuela fuera genial. La acompañó a elegir el vestido. Le diseño todas las ilustraciones, con ese talento que tiene y expresa tanto con sus imágenes. Hicieron el video de su vida con su novio Gonzalo y la decoración de todo el salón junto a su mamá. Pero más allá de mi orgullo de padre, esto habla de la calidad de Marta como abuela.
Como esto resulto ser parte del viaje, lo pongo en este blog que pretende mostrar, (con lo que hay y con mis limitaciones), las vivencias muy personales de un tripulante del Atlantis navegando los “ochenta de la vieja”.
Al momento de escribir esto ya estoy en Comodoro Rivadavia, esperando el bus de la tarde para subirme de nuevo al Atlantis en San Julián.
Me olvidaba. El que fuera Sub Director nuestro en Río Santiago, CNRE Jorge Marin, le manda un fuerte abrazo a toda la 35 promoción