En una travesía náutica, las distintas vicisitudes en la meteorología, en el barco o en la tripulación hacen que uno tenga que tomar decisiones. En esos momentos uno llega a creer que el universo conspira en contra. Hay que elegir a que se renuncia en post de la seguridad o disminuir la incertidumbre. Muchas veces, cuando es la meteorología la que condiciona, he llegado a suponer que Eolo, o algún otro dios griego nos presta algo por un ratito, pero no del todo. Ese todo es para las deidades. Si uno comete el pecado de quererlo aún, se los puede hacer enojar, y pagarlo caro.
Esa sensación ya la experimenté dos veces en lo que va de la travesía. Eolo apareció retaceando los buenos vientos y condiciones meteorológica, para que no sean las suficientes para poder completar nuestros planes.
Lo peor es que uno no le puede echar la culpa a nadie. La decisión es propia, y arriba de un barco siempre es del capitán que debe velar por la seguridad de la nave y la tripulación.
En nuestra pierna a Rawson la idea original era ingresar al Golfo Nuevo, y quizás parar en algunos de esos lugares tantas veces soñados. Es en este lugar donde las ballenas se muestran a los turistas y se las puede ver nadar junto a sus crías. La primera frustración fue cuando nos enteramos por un contacto local que Pto. Pirámides estaba cerrado a la navegación justo por ese motivo. Si bien eso no resignó nuestras esperanzas, las otras tres alternativas se las cobro Eolo. El pronostico a nuestro ingreso a esa zona, indicaba que íbamos a tener fuertes vientos del Norte. Recalar en Madryn no era una posibilidad porque quedar en una zona abierta y a la boya iba hacer que siguiéramos navegando. Cracker, al ingreso del Golfo, es un buen refugio para los vientos del sur, pero queda la costa a sotavento cuando sopla del Norte. Pardelas, un poco al sur de Pirámides, si es un lugar posible ya que cubre el norte, pero nos quedaba muy mal para la logística de abastecimiento. Y llegar si se presentaba antes iba a costar.
Al igual que en las tragedias griegas, algunos integrantes del Olimpo se conmovían con las desventuras causadas por las deidades e intercedían a su favor. Asi ocurrió en Rawson
Nuestra entrada al puerto de Rawson fue digna de ser filmada desde tierra. Los videos que nos pasaron y subimos a las redes sociales muestran al Atlantis barrenando las olas entre las dos escolleras de ingreso. Eso hizo que mucha gente local comentara y fuera ver la poco frecuente entrada de un velero a este puerto. Uno de esos espectadores resulto ser un nauta, conocedor de la Antártida en velero y navegante de muchos mares. Egresado de la Promoción 51 de pilotos de la PNA. Damián Galera pregunta por sus redes náuticas que se sabia de ese velero que estaba ingresando. Al Rato a Juan por un lado y a mi por el otro, nos llegan mensajes con su contacto para decirnos que estaba a nuestra disposición para lo que necesitemos. También el “Gaucho” Menéndez del Centro Naval Núñez le da mi contacto, y a los pocos minutos tenia mensaje del propio Damián en igual sentido. Es sorprendente como funciona el mundo a pesar de las distancias.
Damián resulto ser más que gentil. Al rato de amarrar vino al puerto, se llevó nuestra ropa para lavarla y más tarde nos llevo a todos a su casa para que pudieras tomar una ducha caliente. Ese tipo de gestos no es frecuente que alguien realice, ante 6 desconocidos que llega a su ciudad. Aunque él sostenía que esos son valores se adquieren en la náutica, su hospitalidad me pareció mas propia de su ser, que de la actividad común que desarrollamos.
Por supuesto que nuestra la tribu de la XXXV tiene embajadores por todos lados. Pablo Yema, Medico traumatólogo de Trelew y navegante experimentado de aquellas aguas en su DANGELO 24, también nos estaba esperando y fue uno de los que registro nuestra entrada barrenando las olas. Pablo nos asistió en todo momento, nos hizo las compras, llevo al Torry a ver un amigo en Madryn, y nos proveyó trajes de neoprene, su gomón y motor para el resto de la travesía. ¡Un Capo!
El otro representante de nuestra tribu en estas tierras es Gerónimo “el indio” Meyer. Residiendo parte en Madryn y parte en Añelo (NQN), se hizo un tiempo para compartir y venir a visitarnos. Su tonada misionera y su singular personalidad locuaz, nos hizo reír como en las épocas de adolescentes. Las historias y anécdotas estuvieron como de costumbre, claro que esta vez acompañadas por buena comida bien regada.
Nuestro lugar de amarre fue al lado de la empresa que se dedica a llevar gente a realizar avistajes de las simpáticas toninas overas. Subimos un video a las redes con su singular comportamiento y su interacción con las embarcaciones.
Un día desde el gomón con los turistas, una chica nos pregunta si hacía falta un tripulante. Luciana Chaparro, fotógrafa de la empresa, quería interesarse por nuestra aventura. Por motivos laborales ella no pudo sostener la intención de su pregunta, aunque vino al barco a cenar, previa entrevista para las redes y nos hizo un montón de buenas fotos del Atlantis que difundió en su Instagram y nosotros levantamos. ¡Mil gracias, Luciana!
Para finalizar con el relato del puerto de Rawson y Playa Unión, debo hacer mención que desembarcaron Gustavo Souto y Diego Bussetti. Se incorporo a la tripulación Quico Diez, amigo de Juan y ex tripulante del J24 “Fair Pay” (de Pier NodoYuna. Lease Juan Th).
El segundo pago a Eolo se lo cobro en la Caleta Sara. Después de una navegación calculada en tiempo y precisión para nuestro ingreso al lugar, estábamos llegando antes de la creciente de la marea, con el fin de conocer y en ese tiempo de visita, evitar la corriente en contra del canal entre isla leones y el continente. A menos de una milla de su ingreso, nos suena el “In Reach” Garmin. Mensaje de nuestros ángeles del guarda meteorológico. Nos preguntaban la ETA a Caleta Hornos. El Motivo: se adelantaba la rotación del viento hacia el SO con el consiguiente ingreso de la baja. Muy a nuestro pesar el capitán decidió el cambio de rumbo y le dijimos chau a SARA.
Porque faltaba una hora para la ESTOA de la pleamar, minimizamos esa corriente en contra, y a la mitad del canal de Leones nos encontramos navegando a menos de un nudo, con 5,4 nudos de corriente en contra, que solo podíamos sentir algún avance con la barrenada de alguna ola crespada, por ser el viento contrario a la corriente.
Costó, pero llegamos. Los detalles de Caleta Hornos como las características náuticas merecen una entrada aparte por ser en si mismo un lugar fabuloso, digno de las películas.