Capítulo 13 de 16 · 3 de diciembre de 2021

San Julián. Club Náutico El Delfín

Relato escrito durante la travesía y conservado en su redacción original.

Luego de mi regreso de los “ochenta”, llegue a las 25 hs. de haber salido de Bs As. Avión y bus fue la mejor combinación con espera y atrasos, pero eso no cuenta. A las 3 am estaba alojándome en la última habitación del Hotel Costanero en el Pto. de San Julián. Ese feriado largo había sido la EXPOMINERA y la gente había concurrido desde las cercanías para ver los espectáculos artísticos. Frente al hotel hay una replica del fuselaje de Mirage III, ya que desde ahí salían misiones aéreas durante la Guerra de Malvinas. Después de dormir un rato para recuperarme, salí de exploración, actuando como equipo de tierra de la travesía. San Julián no estaba en nuestro itinerario primigenio, y luego de conversar con el “Chedu” Santana que estuvo muchos años en la pesca, nos recomendó fuertemente ese lugar para recalar.

Al salir por la costanera hacia el norte de la ría, se encuentra el puerto nuevo, que solo lo utilizan dos pesqueros durante el año, durante la temporada de centolla, y cuando alcanzan la cuota permitida se van. ¿Preguntaran si comimos centolla? Pues no, eso se va bien empaquetado para la importación y en San Julián no se ve ni una pata. Habrá que esperar a Ushuaia.

Yendo al Sur, por la costanera, uno se encuentra con la replica de la Nao “Victoria”. Aquella que trajo a Magallanes a estas tierras, contener un motín y que le permitió a Elcano circunnavegar el globo terrestre por primera vez en la Historia.

Al final de la escollera están las instalaciones del Club Náutico El Delfín. Debo aclarar que Google lo ubica en la parte norte, donde esta el puerto nuevo, pero esto es incorrecto.

Al llegar me encontré con Néstor, que estaba trabajando sobre una de las embarcaciones del club, y amablemente me dio el teléfono del presidente del Club, Sergio Lasensio y del capitán e instructor de la escuela de vela. Juan Manuel Pereyra (Juancho). Me comunico con este último explicándole quien era y preguntando si podía conversar para chequear los “tips” del ingreso y donde fondear.

Mas que grata fue la respuesta que me brindaron. No solo que me aclararon todas las preguntas, sino que se ofrecieron para ir a buscar al Atlantis hasta la boca para guiarlos en el ingreso a las 3 de la tarde. Eolo y algo de corriente contraria, hicieron que se pierda esa pleamar y el ingreso fuera 12 horas mas tarde. ¡A las 3 AM!

A modo de explicación la entrada conveniente es la Norte, en la enfilación 232º. Con esto se deja al banco Ferreyra por babor. La entrada sur presenta alguna duda, ya que algunos sostienen que está corrido, y no hay batimetría reciente. La otra dificultad de entrar de noche es que las balizas están apagadas. Pero siguiendo las líneas de las enfilaciones de las cartas Navionic, tanto en el celular como en el Plóter se ingresa sin inconvenientes. Sobre la banda de babor hay que tener presente, las rocas Rodríguez, el banco Justicia y las rocas Oliveras. Pero siguiendo esas enfilaciones no hay problema. Como creo haber explicado, entrar sobre el final de la pleamar es muy importante, ya que en la etapa media de estas suele haber hasta 7 nudos de correntada en la boca. El recorrido desde el ingreso hasta el fondeadero frente al club Náutico es de 7,5 millas náuticas.

Saliendo de lo estrictamente náutico, déjenme contarles que ya había arribado Pablo Yema, integrante de la tribu de Rio Santiago y traumatólogo en Trelew. Para dimensionar lo generoso y hospitalarios que son los integrantes del Club Náutico, me invitaron a Almorzar, me dieron todas las explicaciones que escribí más arriba; Juancho me llevo al super en su camioneta, para hacer las compras de reabastecimiento y Sergio me dio las llaves del quincho del Club para que hiciéramos uso de las instalaciones según nuestra necesidad. NO ME ALCANZAN LAS GRACIAS ANTE TANTA GENEROSIDAD. Ellos siempre me repetían, que la náutica es así. Que los valores de la solidaridad y la ayuda al navegante eran los pilares de su institución. Luego descubrí que además de incluir a los navegantes, son un capital valioso para la comunidad en la cual están insertos. Poniendo mucho “ventrículo” hacen que todo funcione y se desarrollen todas las disciplinas relacionadas al mar posibles. Windsurf, Kitesurf, kayak, motonáutica, Optimis y vela ligera y hasta natación en aguas abiertas.

El desperfecto del intercambiador de calor en el motor, con la consiguiente fuga de agua de mar, pudo ser reparado gracias a:

-en primer lugar, a mi amigo Citronero Néstor “Bocha” González, quien en tiempo récord nos torneo una pieza en Buenos Aires, para que pueda ser traída a San Julián y no quiso que le paguemos ni los materiales. ¡¡¡¡Gracias infinitas BOCHA!!!!

-los buenos consejos y asesoría de Sergio Lasensio, el presidente, que nos fue a comprar hasta el forma junta / sellador que teníamos que poner.

- y a la tenacidad y concepción ingenieril de Juan Th, que con mucha paciencia se fue acercando a la solución final.

Con este asunto solucionado y arribado el Pato Ehrman de la 35 y Nicolas Vitale (h) que es adoptado como uno más por el grupo náutico de la tribu de Rio Santiago; despedido el Torry y Matías, ya estaba todo listo para la partida.

La despedida fue memorable. Mauricio, integrante del club, hizo un cordero patagónico al asador con una maestría digna de cualquier torneo de esa especialidad. Al evento vinieron otros integrantes del club con quienes charlamos y nos brindaron su hospitalidad tan característica. Por supuesto que se le rindieron los honores a Dionisio (BACO paro los romanos) y todo estuvo bien regado para la digestión. Nosotros nos fuimos a dormir a una hora prudente, en virtud de la zarpada del día siguiente. Los lugareños siguieron con Karaoke hasta bien tarde. Era el primer cordero del club después de la pandemia.

El día de la zarpada empezó con el alistamiento bien temprano. Los chicos de la escuela de vela, alumnos de Juancho en Optimis, estaban muy ansiosos por venir a visitarnos y que les mostremos nuestro Atlantis. Que contentos estaban esos “gurises” y cuanto preguntaban. Un placer haberlos recibido. Les hicimos las fotos de rigor desde tierra, agua y aire. Y los despedimos.

Mas tarde Juancho y Sergio vinieron a despedirse con otros amigos mas y se llevaron el semirrígido, que durante todos los días estuvo a nuestra disposición para el uso, como si fuera el auxiliar del Atlantis. Nuevamente gracias infinitas.

Con cierta nostalgia fuimos dejando uno a uno los iconos visten la costanera de San Julián, pasamos el viejo y abandonado frigorífico Swift sobre la margen Roja (apagada) de la ría y haciendo la última enfilación salimos al mar a enfrentar a los 50 Rugientes.